miércoles, 22 de diciembre de 2010

HISTORIA PARA REFLEXIONAR



Un hombre le estaba pidiendo a Dios que no lo dejara morir e irse al infierno, y Dios le dijo que lo iba a salvar.
En el lugar donde vivía ese hombre comenzó a llover y llovió tanto que la tierra se inundó por lo que mandaron a rescatar a la gente para que no se ahogara.
Estando este hombre con el agua al cuello.

Primero, le pasó un palo seco muy cerca de él  y el hombre lo empujó para que sefuera más rápido de él.

Segundo, vino un hombre en una canoa y le pidió que se subiera a la canoa y el hombre le dijo al canoero que se fuera que tenía fe que Dios lo iva a rescatar, por lo que el canoero se fue.

Tercero, tanta era la inundación que le enviaron un barco a buscarlo y lo llamaron para que se subiera porque se iba a ahogar, pero él les dijo que se fueran que no lo molestaran que Dios lo iba a salvar, y ellos se fueron.

Cuarto, por último, le enviaron a un Helicóptero y le bajaron una cesta para que se subiera a ella pero él la rechazó y les dijo que se fueran que hasta cuéndo lo molestaban, que él estaba esperando a Dios para que lo salvara; por su respuesta los rescatistas se fueron.

Siguió lloviéndo y el hombre se ahogó, y de repente su alma se vió delante de Dios, por lo que le reclamó a Dios que por qué lo había dejado morir.
Dios le contestó, qué querías que hiciera contigo, primero te envíe  un palo, segundo una canoa, tercero un barco, y por último a un heicóptero y a todos los rechazaste, creyendo que te podías salvar a tu manera.

Te pregunto, que está pasando por tu vida en este momento, ¿El palo, la canoa, el barco o estás debajo del helicóptero?
Recuerda que Dios está insistiéndo contigo para salvarte y tú, si lo has rechazado, ya no lo sigas rechazando.
La Biblia dice:
Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud, antes que vengan los días malos, y lleguen los años de los cuales digas: No tengo en ellos contentamiento; antes que se oscurezca el sol, y la luz, y la luna y las estrellas, y vuelvan las nubes tras la lluvia;... Eclesiastés 12:1-2