viernes, 4 de septiembre de 2009

LA SALVACIÓN ESTÁ EN CRISTO


La salvación es un regalo de Dios para la humanidad, pero queda de nuestra parte el querer recibir ese precioso regalo.
Si el hombre y mujer no se quieren arrepentir entonces se perderán eternamente por no haber querido obedecer al Señor.

Dios ha dejado todo el poder de la salvación en su Hijo Jesús.
Afirmado en su palabra cuando le dijo a sus discípulos lo siguiente:

Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Mateo 28:18

Esta verdad la encontramos en Hechos 4:11-12 que dice:
Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos.

Y la forma para ser salvo es creyendo en Él y confesando (recibiendo) como el único Señor y Salvador.
En Carta del Apóstol Pablo a los Romanos nos dice:

Mas ¿qué dice? Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón. Esta es la palabra de fe que predicamos:
que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo.
Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación.
Pues la Escritura dice: Todo aquel que en él creyere, no será avergonzado
. Romanos 10:8-10
Desde ahí entonces el creyente debe vivir una vida consagrada al Señor y dar fruto de arrepentimiento.
Dando testimonio de que es un cristiano Cristo céntrico, que lo que dice lo hace con su vida. Debe mantenerse firme en el Señor buscando la santidad. Hebreos 12:14 nos dice: Busquen la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor.

Como cristianos debemos vivir en amor, pero en el amor que Dios ha puesto en nuestros corazones, para que le seamos gratos a los demás.
Sin embargo, gracias a Dios que en Cristo siempre nos lleva triunfantes y, por medio de nosotros, esparce por todas partes la fragancia de su conocimiento. Porque para Dios nosotros somos el aroma de Cristo entre los que se salvan y entre los que se pierden. " Corintios 2:14-15

Ahora quiero darles una hermosa reflexión, que nos relaciona con el testimonio del Cristiano.

LA NIÑA DE LAS MANZANAS
Un grupo de vendedores fueron a una Convención de Ventas. Todos le habían prometido a sus esposas que llegarían a tiempo para cenar el viernes por la noche. Sin embargo, la convención terminó un poco tarde, y llegaron retrasados al aeropuerto. Entraron todos con sus boletos y portafolios, corriendo por los pasillos.
De repente, y sin quererlo, uno de los vendedores tropezó con una mesa que tenía una Canasta de Manzanas. Las manzanas salieron volando por todas partes. Sin detenerse, ni voltear para atrás, los vendedores siguieron corriendo, y apenas alcanzaron a subirse al avión. Todos menos UNO.
Este se detuvo, respiró hondo, y experimentó un sentimiento de compasión por la dueña del puesto de manzanas. Le dijo a sus amigos que siguieran sin él y le pidió a uno de ellos que al llegar llamara a su esposa y le explicara que iba a llegar en un vuelo más tarde.
Luego se regresó al Terminal y se encontró con todas las Manzanas tiradas por el suelo. Su sorpresa fue enorme, al darse cuenta de que la dueña del puesto era una Niña Ciega. La encontró llorando, con enormes lágrimas corriendo por sus mejillas. Tanteaba el piso, tratando, en vano, de recoger las manzanas, mientras la multitud pasaba, vertiginosa, sin detenerse; sin importarle su desdicha.
El hombre se arrodilló con ella, juntó las manzanas, las metió a la canasta y le ayudó a montar el puesto nuevamente. Mientras lo hacía, se dio cuenta de que muchas se habían golpeado y estaban magulladas.
Las tomó y las puso en otra canasta. Cuando terminó, sacó su cartera y le dijo a la niña:
- “Toma, por favor, estos cien pesos por el daño que hicimos. ¿Estás bien?”
Ella, llorando, asintió con la cabeza. El continuo, diciéndole:
- “Espero no haber arruinado tu día”.
Conforme el vendedor empezó a alejarse, la niña le gritó:
- “Señor…”
Él se detuvo y volteó a mirar esos ojos ciegos. Ella continuó:
- “¿Es usted Jesús…?”
Él se paró en seco y dio varias vueltas, antes de dirigirse a abordar otro vuelo, con esa pregunta quemándole y vibrando en su alma:
- “¿Es usted Jesús?”
Y a Ti, ¿la gente te confunde con Jesús? Porque ese es nuestro destino, ¿no es así? Parecernos tanto Jesús, que la gente no pueda distinguir la diferencia. Parecernos tanto a Jesús, conforme vivimos en un mundo que está ciego a su Amor, su Vida y su Gracia. Si decimos que conocemos a Jesús, deberíamos vivir y actuar como lo haría Él. Vivir su palabra cada día.
Tú eres la niña de sus ojos, aún cuando hayas sido Golpeado por las Caídas. Él dejó todo y nos recogió a ti y a mí en el Calvario; y pagó por nuestra fruta dañada.

Jesús te ama, solo espera que tu te arrepientas y lo recibas como tu Señor y Salvador de tu alma.
No lo dejes para mañana, porque mañana puede ser tarde.
El día de salvación es hoy.
Es cosa de vida o muerte, de salvación o condenación. Tu decides. Recuerda hoy es la oportunidad para tu salvación. Dios te bendiga.